Predicación · 26 de septiembre de 2026

La determinación

Pastor Gerardo Uribe Josué 24:15 52 min Centro Familiar La Vid · Monclova

Muchas veces seguimos a Dios por una emoción, no por una decisión. Y cuando llegan las dificultades, damos un paso atrás. ¿Estás determinado a seguir a Jesucristo?

El mensaje

Qué es la determinación

El mensaje nació de una pregunta que le hicieron al pastor esa semana, mientras preparaban al liderazgo de la iglesia: si tuviera que escoger un solo principio de liderazgo, el que más lo mueve, ¿cuál sería? Pidió tiempo, lo llevó a oración, y vino una palabra: la determinación.

La definió así: «la acción y efecto —acción y efecto— de decidir algo con firmeza, o la cualidad de mantener la perseverancia y el valor para alcanzar una meta». Y enseguida, las preguntas: «¿Cuántos proyectos has dejado en la mitad? ¿Cuántos compromisos has roto?».

Va a haber momentos donde parece que el aire no te deja ni caminar. Pero hay algo que te mantiene: la determinación y la decisión de seguir a Jesucristo.

Una emoción no es una decisión

Muchas veces lo que nos acerca a Dios es un milagro: una sanidad, una familia restaurada. Pero a las pocas semanas el entusiasmo se va, «porque todo fue una emoción».

El pastor puso el ejemplo de Israel en el desierto: cuarenta años viendo milagro tras milagro —el maná, la nube, la columna de fuego, zapatos que no se gastaban— y aun así esa generación no entró a la tierra prometida. Vivir de milagros no es lo mismo que estar determinado.

Mi compromiso con Dios no tiene nada que ver con las ganas, sino con la decisión que tomé de amarlo con todo mi corazón y servirle todos los días de mi vida.

Y la decisión de fondo: «si solamente vamos a ser asistentes a una iglesia, a una reunión, o vamos a ser discípulos del Señor Jesucristo».

Para responder qué hace falta para llegar a la meta, el pastor estudió cinco personajes de la Biblia, cada uno con un rasgo: «si ellos lo lograron, yo te quiero decir que tú lo puedes lograr».

Uno. La fe de Abraham

Dios le pidió a Abraham dejar su tierra e ir «a la tierra que yo te mostraré», sin verla antes. Y Abraham obedeció: «Abram partió como el Señor le había ordenado». A diferencia de Moisés, que debatió con Dios, Abraham no la pensó.

Luego vino la separación de Lot. Abraham, que tenía derecho a escoger primero, lo dejó elegir. Lot se fue a la llanura con agua; Abraham, al lugar seco. «Decir que no había nada es una mentira, porque en el lugar a donde fuera Abraham iba la bendición de Dios».

Dos. La valentía de Josué

«Sé fuerte y muy valiente». Josué recibió una tierra ocupada por treinta y un reyes, y le tomó siete años de batalla conquistarla. El pastor lo trajo a lo cotidiano: los proyectos, las mesas, los negocios que se dejan a los dos o tres meses. «¿no era el proyecto, o tu valentía, o tu falta de valentía lo dejó?».

Iglesia, no estás solo. La valentía no viene de lo que tú eres; la valentía viene de que sabes quién está contigo.

Y al final de su vida, Josué le dejó al pueblo la frase que para el pastor resume todo el mensaje: «Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor». Eso se llama determinación.

No se sigue a Cristo por lo que se siente: «aquí no venimos a sentir bonito: aquí venimos a adorar al Rey de reyes, el Señor de señores».

Tres. La resiliencia de José

Resiliencia: «me caigo y me vuelvo a parar». José fue vendido por sus hermanos, llevado como esclavo, acusado falsamente y encarcelado. El Salmo 105 lo resume: «el Señor puso a prueba el carácter de José».

Si Dios puso a prueba el carácter de José, ¿quién eres tú para que Dios no ponga tu carácter a prueba?

«El carácter se forma en los momentos de dificultad». Y cuando José tuvo delante a los hermanos que lo vendieron, «no hizo otra cosa más que levantarlos, perdonarlos y amarlos».

Cuatro. La obediencia de Noé

En un mundo lleno de maldad, Noé «anduvo en íntima comunión con Dios». Obedeció al pie de la letra la orden de construir el arca, aunque se reían de él, y nunca dejó la meta. Su obediencia salvó a toda su familia.

Sé obediente a Dios como lo fue Noé, porque tu obediencia va a guiar a tu familia a los pies de Cristo.

Cinco. Claridad en la meta: Jesucristo

El último rasgo es «claridad en la meta, y un compromiso a prueba de fuego, aunque te cueste la vida». El ejemplo es Jesús, que sabía a qué venía (Lucas 4:18-19) y fue hasta la cruz, «porque él estaba determinado a obedecer a su Padre, estaba determinado a amar a la humanidad y morir por ella».

Y la conclusión: Dios no hace excepción de personas. La fe, la valentía, la resiliencia y la intimidad que les dio a ellos, te las da a ti.

Lo más importante, lo más grande y el tesoro más grande que tiene el cristiano es Cristo. […] Si ellos lo pudieron hacer, ¿por qué tú no?

Los versículos del mensaje

Todos en Nueva Traducción Viviente (NTV), en el orden en que se usaron.

Génesis 12:1-4la fe de Abraham

«El Señor le había dicho a Abram: «Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te traten con desprecio. Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti». Entonces Abram partió como el Señor le había ordenado, y Lot fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán.»

Josué 1:6-8la valentía de Josué

«Sé fuerte y valiente, porque tú serás quien guíe a este pueblo para que tome posesión de toda la tierra que juré a sus antepasados que les daría. Sé fuerte y muy valiente. Ten cuidado de obedecer todas las instrucciones que Moisés te dio. No te desvíes de ellas ni a la derecha ni a la izquierda. Entonces te irá bien en todo lo que hagas. Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.»

El pastor anunció los versículos 6 y 7 y leyó hasta el 8.

Josué 24:14-15elige hoy mismo

«Por lo tanto, teme al Señor y sírvelo con todo el corazón. Echa fuera para siempre los ídolos que tus antepasados adoraron cuando vivían del otro lado del río Éufrates y en Egipto. Sirve únicamente al Señor. Pero si te niegas a servir al Señor, elige hoy mismo a quién servirás. […] Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor.»

Salmo 105:16-21la resiliencia de José

«Mandó hambre a la tierra de Canaán, y cortó la provisión de alimentos. Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo. Le lastimaron los pies con grilletes y en el cuello le pusieron un collar de hierro. Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños, el Señor puso a prueba el carácter de José. Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad; el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel. José quedó a cargo de toda la casa del rey; llegó a ser el administrador de todas sus posesiones.»

Génesis 6:5-6, 9la obediencia de Noé

«El Señor vio la magnitud de la maldad humana en la tierra y que todo lo que la gente pensaba o imaginaba era siempre y totalmente malo. Entonces el Señor lamentó haber creado al ser humano y haberlo puesto sobre la tierra. Se le partió el corazón. […] Este es el relato de Noé y su familia. Noé era un hombre justo, la única persona intachable que vivía en la tierra en ese tiempo, y anduvo en íntima comunión con Dios.»

Génesis 7:1entra en el barco

«Cuando todo estuvo preparado, el Señor le dijo a Noé: «Entra en el barco con toda tu familia, porque puedo ver que, entre todas las personas de la tierra, solo tú eres justo».»

Lucas 4:18-19claridad en la meta

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor.»

El pastor recordó que Isaías 61:1-2 lo había anunciado cientos de años antes.

También mencionados: Éxodo 4:10 (Moisés), Génesis 39 (José y la esposa de Potifar), Hechos 10:34, Apocalipsis 3:15-16 y Lucas 16:10. El pastor contó o parafraseó estos pasajes sin leerlos.

Frases del mensaje

Todo tiene que ver con una decisión.
Mi compromiso con Dios no tiene nada que ver con las ganas, sino con la decisión que tomé de amarlo con todo mi corazón.
La valentía no viene de lo que tú eres; la valentía viene de que sabes quién está contigo.
Iglesia, no estás solo.
Aquí no venimos a sentir bonito: aquí venimos a adorar al Rey de reyes, el Señor de señores.
El carácter se forma en los momentos de dificultad.
Tu obediencia va a guiar a tu familia a los pies de Cristo.
El tesoro más grande que tiene el cristiano es Cristo.
Si ellos lo pudieron hacer, ¿por qué tú no?

Transcripción completa

Leer la predicación completa, palabra por palabra

Los timecodes corresponden al video completo. La grabación arranca con la oración de apertura ya empezada; los pasajes que el audio no dejó claros van marcados con [?].

Oración 00:00

…lista para recibir tu mensaje. Te alabamos, Padre. Que sea tu Espíritu Santo hablando. Quita toda palabra de mi boca que sea mía; que seas tú y tu santa Palabra hablando a tu pueblo. En el nombre de Jesús. Amén.

Pueden sentarse.

Una enseñanza que Dios ha estado trayendo esta semana 00:20

Dios ha estado trayendo un mensaje, una palabra, una enseñanza a mi vida esta semana. Cuando Dios es tan insistente, trato de buscar aquello que él me enseña a mí, pero también a la iglesia.

Dentro de todas las juntas, reuniones que tuvimos esta semana para preparar a la iglesia, para preparar al liderazgo de nuestra iglesia para las mesas, para los grupos de hombres, grupos de mujeres —todo el trabajo que estamos haciendo—, estaba platicando con parte del equipo. Y yo les decía que había en mi corazón un deseo de poder transmitir principios de liderazgo: principios que nos ayuden a caminar de una manera eficaz para guiar a otros a los pies de Cristo, a lo que nos apasiona.

Y me preguntaba alguien del equipo que estaba ahí. Me dijo: «Pastor, si pudieras tomar las características de liderazgo, o los principios de liderazgo, y pudieras escoger solamente uno —el que te mueve, que es como lo principal que hay así en tu vida—, porque pues lo que tú eres o lo que te apasiona es lo que vas a transmitir mejor, ¿cuál sería?». Y la verdad me movió todo, porque pues hablamos de liderazgo y hablamos de principios, y pues decimos la responsabilidad, y puedes hablar de muchos valores o sustentos de tu liderazgo.

Y en ese momento le dije: «Dame chance, no te quiero hablar a la ligera». Y me puse a pensar, y le pregunté al Señor: «¿Cuál es esa característica dentro del liderazgo que es muy importante y fundamental, al menos para mí?». Y vino a mi mente una palabra, que es la determinación.

Ese rasgo de liderazgo que creo que cada uno de nosotros deberíamos de tener. Y cuando tú volteas al pueblo cristiano, cuando tú volteas a ver al pueblo de Dios, nos damos cuenta que nos falta mucho la determinación.

¿Qué es la determinación? 02:59

La pregunta sería: «Bueno, pastor, ¿qué es la determinación?». Y no venimos a hablar de una clase de liderazgo, venimos a hablar de la Palabra de Dios, pero esto lo necesitamos para sentar las bases.

¿Qué es la determinación? Fíjese bien: la determinación es la acción y efecto —acción y efecto— de decidir algo con firmeza, o la cualidad de mantener la perseverancia y el valor para alcanzar una meta.

¿Cuántos proyectos has dejado en la mitad? ¿Cuántos compromisos has roto? ¿Cuántos sueños has llevado, incluso a orar por ellos, y decirle: «Señor, ora sí, aquí vale, vamos a dar con todo»? Y a los diez días, que parece que no funcionan, lo dejas y te olvidas de él.

Te voy a leer otra vez la definición. ¿Qué es la determinación? Es la acción y efecto de decidir. Todo tiene que ver con una decisión.

Yo te voy a decir por qué es importante que tú determines seguir a Jesús: porque va a haber tiempos muy bonitos, pero va a haber tiempos muy difíciles. Va a haber temporadas de prosperidad, y a lo mejor temporadas de dificultad. Va a haber tiempos donde el aire parece que te empuja y te lleva, y parece que vuelas. Pero va a haber momentos donde parece que el aire no te deja ni caminar. Pero hay algo que te mantiene: la determinación y la decisión de seguir a Jesucristo.

En una emoción y no en una decisión 05:02

Muchas veces lo que nos acerca al Señor es el milagro que él hizo: «Porque me sanó, porque restauró mi familia, porque transformó mi corazón, porque fui a Legendarios y regresé en[?] hombre». Pero a las tres, cuatro semanas, esas camisas ya ni siquiera sabes dónde están. Porque todo fue una emoción. Porque cuando viniste a Cristo viniste emocionado, tomando decisiones que no estaban determinadas desde el fondo de tu corazón. ¿Me explico?

Miren, el pueblo de Dios, el pueblo de Israel, caminó en el desierto durante 40 años. Y vieron a Dios milagro tras milagro tras milagro: sus zapatos no se les echaban a perder; en la noche tenían frío y había una cortina de fuego que los calentaba; en el día había una nubecita que los acompañaba; querían comer y el maná caía del cielo. Ya no querían maná, y Dios les dio codornices. Milagro tras milagro. Y lean la Biblia: todo ese tiempo donde ellos estuvieron en el desierto, y al final esos hombres murieron sin Dios, y quienes vinieron a cosechar la tierra prometida fueron sus hijos.

O sea que el vivir de milagros o el vivir de prosperidad… Porque algunos somos muy buenos para ser fieles a Dios cuando todo va bien, pero cuando las cosas no van bien, cuando vienen las dificultades, cuando vienen las pruebas, damos un paso atrás y nos desanimamos. Y somos cristianos mientras todo va bien, porque lo hicimos en una emoción y no en una decisión: el determinar ser fieles a Dios en cualquier circunstancia y hasta donde tenga que llegar.

Dios necesita un pueblo determinado a serle fiel, determinado a cumplir el propósito para el cual los llamó, determinado a llevar el reino adelante con firmeza, con perseverancia. Una persona con determinación necesita esas características: necesita ser firme en sus decisiones, necesita mantenerse en las buenas y en las malas, y necesita perseverancia. Y el pueblo de Dios lo requiere también.

¿Estás determinado a seguir a Jesucristo? 07:48

La pregunta del día de hoy, para ti y para mí, es: ¿estás determinado a seguir a Jesucristo? ¿Estás determinado a ser fiel a Dios bajo cualquier circunstancia? ¿Estás determinado a amar a Jesús con todo tu corazón, como él te amó a ti? Porque él, cuando determinó salvarte, fue hasta la cruz del Calvario y murió por ti. Porque él no era un hombre de doble ánimo.

Pero muchos de nosotros batallamos con eso. No sé si tú, pero a veces esta carne me hace desanimarme y no querer seguir adelante. Pero recuerdo que mi compromiso con Dios no tiene nada que ver con las ganas, sino con la decisión que tomé de amarlo con todo mi corazón y servirle todos los días de mi vida.

Cada uno de nosotros tenemos que tomar la decisión: si solamente vamos a ser asistentes a una iglesia, a una reunión, o vamos a ser discípulos del Señor Jesucristo.

¿Cuáles serían los rasgos necesarios para llegar a la meta? 09:15

¿Cuáles serían los rasgos necesarios en nuestro carácter para poder llegar a la meta? ¿Qué vamos a necesitar para que, dentro de esa determinación…? ¿Qué características necesitamos? Ahorita ahí la definición nos muestra algunas: nos muestra decisiones, nos muestra firmeza, nos muestra el mantenernos, nos muestra la perseverancia. Cada uno de nosotros requerimos de todo esto.

Y cuando yo veo cómo ha caminado la obra de Dios, es impresionante cómo hay hombres en la Palabra, hombres en la Biblia que podemos estudiar, y que tienen esos rasgos de carácter que los llevaron a ser determinados a ser fieles a Dios en cualquier circunstancia.

Y el día de hoy yo quisiera estudiar la vida de estos hombres y ver esas características, para que tú y yo salgamos inspirados para ser como estos hombres. Porque si ellos lo lograron, yo te quiero decir que tú lo puedes lograr. Si ellos cumplieron la meta y el propósito, tú también lo puedes lograr.

Lo primero: la fe de Abraham 10:39

Y lo primero que necesitamos —y no en orden de importancia, pero sí es importante que cada uno tengamos—, que cada uno necesitamos en nuestras vidas para obedecer y poder llegar a lo que Dios quiere: cada uno de nosotros necesitamos la fe de Abraham.

Cuando hablamos de fe, cuando hablamos del padre de la fe, lo primero que viene a nuestra mente es Abraham. Y Abraham era un hombre muy especial. Y cuando yo vengo a estudiar la Biblia, yo veo desde el llamado de Abraham; yo puedo ver ese corazón que Abraham tenía para confiar en Dios.

Génesis capítulo 12, versículos del 1 al 4, nos muestra un poquito de cuál era el temperamento, cuál era la actitud, cuál era la característica, cuál era el carácter de Abraham: un hombre de fe, un hombre determinado, con una fe poderosa. Dice la Biblia:

«El Señor le había dicho a Abram: «Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré».» Génesis 12:1 (NTV)

¿Que yo qué? ¿Quién estaría listo para ir al terreno que no ha visto? ¿Está fácil? No, no está fácil. De hecho hay un dicho que dice: «Yo no la brinco sin guaraches». Veo, creo. Yo, como Tomás: hasta no ver, no creer. Me muevo si me conviene, y veo, y me gusta lo que veo. Más allá, Abraham era un hombre de fe, un hombre que cuando Dios le daba una orden, él se determinaba a obedecer al Señor aunque no viera.

Entonces dice ahí: «Ve a la tierra que yo te mostraré». No te preocupes, Abraham. ¿Qué es lo importante? Que le empieces a dar[?]. «Señor, pero…». «Tú dale, yo voy contigo». Y ahí viene la promesa. Le dice:

««Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te traten con desprecio. Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti».» Génesis 12:2-3 (NTV)

Por medio de tu fidelidad, por medio de esa fe para tomar acción y caminar en la dirección que yo te digo, aunque no te dé seguridad. Abraham, esa fe va a traer bendición para una nación.

Y aquí viene la clave. Fíjese: podemos encontrar hombres de la Biblia que Dios les da una orden, y lo primero, debatían. ¿Qué le dijo Dios a Moisés? «Vas a ir». «¿Yo? ¿Por qué? Ni hablo bien, soy tartamudo, no puedo». Al final fue Moisés. Pero usted fíjese Abraham, qué dice el versículo 4:

Éxodo 4:10; el pastor no dio la referencia.

«Entonces Abram partió como el Señor le había ordenado, y Lot fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Génesis 12:4 (NTV)

Abraham no la pensó. Mira, uno de los problemas cuando Dios nos dice que vayamos en una dirección, cuando Dios nos dice «ve para allá», es que tenemos que dejar cosas. Pero a veces Dios no nos prospera, no nos bendice, no nos lleva a ese lugar, porque queremos seguir cargando lo del pasado.

Ahí es muy claro que Dios le dijo: «Te voy a cambiar de temporada, Abraham. Te voy a cambiar de relaciones, Abraham. Te voy a cambiar de negocios, Abraham. Te voy a cambiar de todo; nada más cree en mí». Y dice: Abraham agarró sus chivas y arrancó. No le costó nada obedecer al Señor.

Abraham y Lot 15:17

Y luego, más adelante, ahí se da cuenta que se llevó a su sobrino Lot, dice, ¿verdad? Y dice la Biblia —si usted lee de ahí para adelante en Génesis la historia de Abraham, que los invito que la lean, por favor, hermosísima— se va a dar cuenta cómo todo lo que Dios le prometió se fue cumpliendo. Y él fue próspero, pero él mantuvo la determinación, viera o no viera. Y él fue caminando en la meta que Dios le había puesto.

Y llegó un momento que dice la Biblia que tenían tanto dinero —porque el dinero se reflejaba en animales en aquel tiempo; era una característica: cuántos animales tenías, es tu riqueza—, y tenían tanto, que la gente de Lot y la gente de Abraham se empezaron a pelear. Y un día le dice Abraham: «Hijo, creo que es tiempo de que ya nos separemos. Te ha ido muy bien a ti, me ha ido muy bien a mí. Mira, vamos a esta llanura, y ve para allá. Si tú dices que tú te vas a la izquierda, yo me voy a la derecha. Si tú dices que yo me vaya a la derecha, pues tú te vas a la izquierda». O sea: «Yo me voy al opuesto de donde tú escojas».

La pregunta es: ¿a quién le tocaba la mejor tierra? Por lógica, ¿Abraham o Lot? Abraham, porque era el tío, porque era el que llevaba a su sobrino, porque era el que había hecho prosperar a su sobrino. Pero a él no le interesó, y ahorita le voy a decir por qué.

Y ventajosamente se pone a ver: «Acá está sequísimo, gacho. Y acá, llanuras, agua». Y le dice: «Tío, como que me está gustando acá». «Tú escoge, hijo». Y él se fue para allá.

Lot se fue a la tierra donde había agua, donde había prosperidad, y Abraham se fue al lugar donde no había nada. Decir que no había nada es una mentira, porque en el lugar a donde fuera Abraham iba la bendición de Dios, y él no tenía ni siquiera que pelearla. Él lo sabía, porque su fe le decía: «Ese lugar a donde tú vayas vas a ser prosperado, porque yo voy contigo». Él no tenía que pelear.

Muchos de nosotros rompemos hasta relaciones por querer defendernos nosotros mismos, cuando Dios, a lo mejor, el otro lugar es el que tiene para ti. Los hijos de Dios confiamos en que en el lugar donde pone nuestro pie, o en el camino que vamos, ahí va a estar la bendición. Así es como los hijos de Dios tenemos que caminar: como Abraham.

Bueno, el lugar a donde llegó Lot se llama Sodoma y Gomorra. En eso se convirtió ese lugar, y él tuvo que salir corriendo, y estuvo a punto de que lo mataran a él y a su familia. Y le dijo algo: ¿quién cree que lo salvó? Abraham.

Ese tipo de hombre era Abraham: un hombre que su riqueza era su relación con Dios; su fortaleza, la fe en su Padre; y el resultado en su vida, la riqueza. Porque el que diga que Abraham era pobre está equivocado; no lee la Biblia. Era un hombre próspero porque era un hombre obediente. Y si Dios le prometió… le prometió fama y bendición a él y a los que caminaran con él. Por eso Lot se enriqueció.

Se omitió una frase con una cifra que no se pudo verificar.

Nosotros, cuando somos determinados, un ingrediente en esa determinación tiene que ser la fe en nuestro Dios. Así es que, que cada uno de nosotros que estamos aquí tengamos la fe como la de Abraham. La fe como la de Abraham.

Segundo: la valentía de Josué 20:17

Segundo. ¿Qué más necesitamos? ¿Qué otro ingrediente necesitamos en esa determinación, para poder mantener esa determinación, esa decisión que tomamos, venga lo que venga? Obviamente, tenemos que ser muy valientes. Y cuando viene la palabra «valentía», mi corazón… no puedo pensar en alguien más que en Josué: un hombre valiente, un hombre que fue y conquistó la tierra prometida que Dios le prometió. Dice la Biblia, en Josué capítulo 1, versículo 6 y 7, Dios le dijo a Josué:

«Sé fuerte y valiente, porque tú serás quien guíe a este pueblo para que tome posesión de toda la tierra que juré a sus antepasados que les daría. Sé fuerte y muy valiente. Ten cuidado de obedecer todas las instrucciones que Moisés te dio. No te desvíes de ellas ni a la derecha ni a la izquierda. Entonces te irá bien en todo lo que hagas. Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.» Josué 1:6-8 (NTV)

El pastor anunció los versículos 6 y 7 y leyó hasta el 8. Al leer el 7 intercaló: "Ten cuidado —y aquí viene donde muchos de nosotros fallamos—, ten cuidado de obedecer…".

Una persona determinada es una persona de fe. Una persona determinada, que cumple sus metas, es una persona que requiere ser valiente. Muchos de nosotros nos acobardamos cuando nos enfrentamos al ejército que viene al frente. Somos de dos: a veces sí queremos y a veces no. Cuando el que está enfrente está más o menos de mi tamaño, sí le entro; pero cuando es gigante, salgo corriendo.

A Josué Dios lo estaba preparando, porque le dieron una tierra —para empezar, que le habían dado a Moisés, que no conquistó—. Pero esa tierra que le dieron… Dios le dijo: «Sé muy valiente». ¿Porque sabe lo que pasaba? Esa tierra estaba ocupada por 31 reyes poderosos que iban a pelear con todo para que no les quitaran su tierra.

¿Sabe usted cuántos años se tardó Josué en conquistar esa tierra? Aquí lo leemos de un versículo a otro, le damos la vuelta a la página y ya está conquistado. No se confunda: fueron siete años de feroz batalla para que él llegara y dijera: «marcharon»[?]. Por eso Dios le decía: «Requieres valentía».

A veces en nuestra vida empezamos con una mesa en la iglesia, empezamos con un negocio, le metemos, soñamos, ponemos, y a los dos, tres meses, que parece que no caminan las cosas: «No, mejor lo cierro. No, no se pudo». Y todos los sueños, todo el esfuerzo, y la orada que te echaste, y la confirmación que Dios te dio… La pregunta es: ¿no era el proyecto, o tu valentía, o tu falta de valentía lo dejó? Es pregunta. Cada quien pregúntese a sí mismo.

Pero los proyectos de Dios —vivir en esta vida, ser un cristiano, ser un discípulo de Dios— requieren valentía, porque va a haber críticas; porque vas a llegar a la casa y se van a reír de ti, a lo mejor los que te aman; porque vas a llegar, a lo mejor, al trabajo y te van a criticar, porque te van a juzgar de loco. Y ¿sabes qué? Sí estoy bien loco: loco por Cristo. Vale la pena.

Tenemos que ser valientes, pararnos enfrente de la situación y decirle: «Yo no estoy solo. Tú no lo puedes ver, pero el que está atrás de mí es un gigante: es el Rey del universo. Te estás enfrentando con él, no conmigo». Iglesia, no estás solo. La valentía no viene de lo que tú eres; la valentía viene de que sabes quién está contigo.

Porque esto no se trata de venir a exaltar hombres. Esto no se trata de venir a decir «tú eres lo máximo, tú eres…». No, aquí no somos nadie: somos hijos de Dios que podemos clamar a nuestro Padre, y él nos lleva adelante.

Pero hay una fórmula. Hay algo que le dijo Dios a Josué: «Esfuérzate y sé valiente», y después le dice: «Esfuérzate y sé…». No, no le dijo «valiente»; le dijo: «Sé muy valiente».

Y después de todos estos años —él en siete años conquistó, en veinticinco años se estableció—… y me encanta, porque esto me habla de la determinación de Josué.

"Elige hoy mismo a quién servirás" 25:48

Josué capítulo 24, versículos del 14 en adelante. Él está hablando con el pueblo. Él ya sabe que ya, ya se va. Él hizo su trabajo: en siete años conquistó, empezó a distribuir las tierras al pueblo de Dios, y en 25 años su trabajo ya estaba hecho. Pero él veía que dentro del pueblo había gente que no tenía una determinación a toda prueba. Veía gente que empezaban a hacer lo que otros hacían. Veía gente que se empezaban a mezclar en prácticas que ofendían a Dios. Y él, al final, les dice: «Miren, yo ya hice mi chamba, yo ya me voy, y ya cumplí». Dice —el consejo de Josué—:

«Por lo tanto, teme al Señor y sírvelo con todo el corazón. Echa fuera para siempre los ídolos que tus antepasados adoraron cuando vivían del otro lado del río Éufrates y en Egipto. Sirve únicamente al Señor.» Josué 24:14 (NTV)

Si vas a servir a Dios, hazlo con todo el corazón, porque él lo merece: él es el Rey del universo. Muchas veces nosotros conocemos la riqueza y empezamos a servir la riqueza; empezamos a poner ídolos —personas, cosas— que están en un nivel más alto que tu amor por Dios. Josué les decía: «No hagan eso, no hagan eso». Y les dice: «Ya, miren, al final ustedes hagan lo que ustedes quieran». Dice:

«Pero si te niegas a servir al Señor, elige hoy mismo a quién servirás. ¿Acaso optarás por los dioses que tus antepasados sirvieron del otro lado del Éufrates? ¿O preferirás a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ahora vives?» Josué 24:15 (NTV)

Esos que se perdieron, que no cruzaron. Tienes dos opciones: piérdete en lo que tus antepasados se perdieron, o métete con lo que ves alrededor de ti, todo lo que te ofrece este mundo, que sabes que ofende a Dios. Tú sabes.

Pero me encanta Josué. Dice:

«Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor.» Josué 24:15 (NTV)

Nosotros serviremos al Señor. Para mí, eso se llama determinación.

Si lo que gobierna tu relación con Dios son tus sentimientos 28:43

Si lo que gobierna tu relación con Dios son tus sentimientos… «Ay, pastor, que si vieras: cuando yo vuelvo y levanto mis manos, siento bien bonito». Qué padre. Es una bendición: el Espíritu Santo está aquí, y él te hace sentir en tu corazón. Pero ¿qué pasa si es una mera… una mera emoción? Y sin darte cuenta, la alabanza cambia a un canto de Selena —y a lo mejor tú cantas mucho—, y empiezas a cantarle a Selena. O un canto de Cumbia Kings, o no sé de… Es que no me sé[?] los que andan de moda. ¿Cuál digo? ¡Alfredito Olivares! Ah, ese sí lo conocen, ¿verdad?

Se omitió un tramo con una broma sobre una persona de la congregación.

¿A poco no una canción de la Banda MS, cuando andas así medio ardido[?], te hace sentir bonito? Diga la verdad. Y espero que no traiga algo ahí que ayude. Claro, la música a veces hace sentir bonito. Pero aquí no venimos a sentir bonito: aquí venimos a adorar al Rey de reyes, el Señor de señores. Y no seguimos a Cristo… no seguimos a Cristo solamente porque sentimos bonito. Sentimos bonito porque lo amamos con todo nuestro corazón, pero estamos determinados a ser fieles. Determinados a ser fieles.

Por eso admiro tanto la determinación y la valentía de un hombre como Josué.

La resiliencia de José 30:47

Pero ¿saben otra cosa que tiene que haber? Y eso no es opción. Hay una palabra que deberíamos de tener mucho cada uno de nosotros, que se llama resiliencia. ¿Sabe usted lo que es la resiliencia? Me caigo y me vuelvo a parar; y me caigo y me vuelvo a parar; me caigo y ya no me puedo parar: «Señor…». «No te preocupes, yo te levanto». Pero te levantas. Te levantas a seguirle dando esta vida, te levantas a seguir intentando, te levantas a seguir dando el máximo.

Imagínense cómo le fue a Pablo, cómo le fue a los discípulos, a los apóstoles: los escupían[?]. Y nosotros: «No me saludó el pastor, ya no vengo a La Vid». O sea, por favor, ¿eso es la determinación? «No, la hermana de la entrada saludó al que iba llegando, pero a mí no me saludó; ya no voy a ir». ¿Eso es la determinación de seguir a Jesús?

Necesitamos fe, necesitamos valentía, necesitamos resiliencia.

¿Quién es un ejemplo de resiliencia? José el soñador. Ese cuate, mire, lo admiro. O sea, yo puedo leer Génesis, su historia, una, dos, tres, cuatro, cinco veces, y me llena mi corazón. Dice la Biblia —no en Génesis: en Salmos viene su historia, y lo da como un ejemplo de lo que pasó ahí en el pueblo de Dios—, dice Salmos 105, versículo 16 al 21:

«Mandó hambre a la tierra de Canaán, y cortó la provisión de alimentos. Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo.» Salmo 105:16-17 (NTV)

Dios mandó un hambre al pueblo de Dios, pero él tenía preparada una válvula de salida, una bendición para el pueblo, a través de José.

Ese chavo era un chavo fresa. Era un hijo de Jacob de los pequeños, consentido; tenía dinero, tenía posición; era el pirurris de papá. Y los hermanos le tenían envidia, y lo vendieron; lo querían matar. ¿Qué hizo José para merecer eso? Nada. Pero Dios tenía un plan sobre su vida, y él no estaba preparado para ese plan. Y dice:

«Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo. Le lastimaron los pies con grilletes y en el cuello le pusieron un collar de hierro. Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños, el Señor puso a prueba el carácter de José.» Salmo 105:17-19 (NTV)

El pastor relee el versículo 17 antes de continuar.

La pregunta es: si Dios puso a prueba el carácter de José, ¿quién eres tú para que Dios no ponga tu carácter a prueba? Las dificultades de las que tanto te quejas, las situaciones difíciles de las que tanto nos quejamos y nos enojamos —y a veces hasta[?] con Dios— es lo que Dios usa para sacar lo que hay verdaderamente dentro de tu corazón. Lo que sale en esos momentos es lo que traemos en el corazón, que Dios no quiere, que a Dios le estorba.

Dice… entonces fíjate: a José se lo llevaron de esclavo, lo vendieron de esclavo, lo quisieron matar. Llegó, lo metieron de esclavo; estuvo en una casa donde llegó a ser el líder de la casa. Tuvo el problema que estaba demasiado guapo y muy cuadrado: le gustó a la esposa de Potifar. Y le dijo: «Ven para acá». Y él dijo que no. ¿Y saben qué es lo que dijo, que me apasiona? Porque él dijo: «¿Cómo le podría fallar…?» —no a Potifar—, dice: «…a ese Dios que amo tanto, a mi Dios, ¿cómo podría fallarle, traicionar a Dios?». Y obviamente a este hombre, que ha sido una bendición para mí. Y no cayó.

Génesis 39; el pastor narra sin leer.

Pero la esposa era vivilla, y mintió. Y a la cárcel. Y José pudo haber dicho: «¿Y yo por qué? ¿Por qué? ¿Qué hice?». No hiciste nada: es el plan de Dios. Dios te está formando.

«Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad; el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel. José quedó a cargo de toda la casa del rey; llegó a ser el administrador de todas sus posesiones.» Salmo 105:20-21 (NTV)

Y a través de José, la bendición vino para el pueblo de Israel, que fue recibida en la tierra de Gosén. Que cuando había hambre en todo el mundo, ese pueblo tenía comida.

Yo te pregunto: si José hubiera sido el niño popis en su casa y hubiera crecido así, ¿estaba listo para eso? No. El carácter se forma en los momentos de dificultad, en esos momentos que no nos gustan, en los momentos difíciles. Esa es la escuela de Dios.

Pero José, en cada situación que cayó, ¿sabes qué hizo? Se levantó: resiliencia. Porque tenía una meta, y sabía en quién había confiado. Porque aun en las injusticias, cuando a él se le presentó la oportunidad de esa mujer —que ha de haber sido un forrazo[?]—, él dijo que no. Cuando se pudo desquitar de sus hermanos, que los tuvo enfrente, siendo él un hombre poderoso y ellos arrodillados delante de él, no hizo otra cosa más que levantarlos, perdonarlos y amarlos. Porque José tenía un propósito, y era un hombre resiliente.

La fe de Abraham. La valentía de Josué. La resiliencia de José.

La obediencia de Noé 37:42

Y me apasiona otro —y ya estoy a punto de terminar[?]—: la obediencia de un hombre llamado Noé. La claridad… o sea, cómo él fue obediente sin cuestionar, y al pie de la letra siguió las instrucciones que Dios le dio. Génesis capítulo 6, versículos del 5 al 22. Es una historia larga; voy a leer solamente un poco. Dice:

«El Señor vio la magnitud de la maldad humana en la tierra y que todo lo que la gente pensaba o imaginaba era siempre y totalmente malo. Entonces el Señor lamentó haber creado al ser humano y haberlo puesto sobre la tierra. Se le partió el corazón.» Génesis 6:5-6 (NTV)

Pero había un hombre. Versículo 9, dice:

«Este es el relato de Noé y su familia. Noé era un hombre justo, la única persona intachable que vivía en la tierra en ese tiempo, y anduvo en íntima comunión con Dios.» Génesis 6:9 (NTV)

Y Noé fue padre de tres hijos —y ahí menciona a los hijos—. Después te das cuenta cómo, a través de este relato, Dios decide destruir la tierra con un diluvio. Pero Dios le da una orden a Noé, y le dice: «Noé, voy a destruir la tierra, porque pura maldad hay. Pero tú y tu familia —por ti, por tu amor, tú has encontrado gracia en mí— te voy a dar oportunidad. Pero tienes que hacer algo: va a llover».

Según los teólogos y según el libro de Génesis, Dios en ese tiempo regaba la tierra solamente con humedad; para la gente no era conocida la lluvia. Es lo que se cree. Pero a Noé, ese Dios que caminaba en intimidad con él, le dijo: «Va a llover, y va a llover mucho. Por eso tienes que hacer un arca».

Según las cuentas que puedes hacer ahí en Génesis, Noé se tardó 120 años en hacer esa arca. Un hombre obediente, determinado, es quien puede hacer algo así. ¿Se imaginan? Cuando él le decía a la gente: «Vayan a ver, arrepiéntanse, súbanse a la barca», dice la Biblia que se reían de él. Pero te digo algo: él fue obediente y nunca dejó de seguir la meta. Dice el capítulo 7, versículo 1:

«Cuando todo estuvo preparado, el Señor le dijo a Noé: «Entra en el barco con toda tu familia, porque puedo ver que, entre todas las personas de la tierra, solo tú eres justo».» Génesis 7:1 (NTV)

Un hombre determinado, un hombre de Dios, camina y se pone al frente, y hace que no solamente reciba la bendición por su obediencia, sino toda su familia. Sé obediente a Dios como lo fue Noé, porque tu obediencia va a guiar a tu familia a los pies de Cristo. Para que el día que muramos, el día que estemos en la presencia de Dios, no llegues tú solo, sino llegue cada uno de los miembros de tu familia, porque tú fuiste obediente y te mantuviste firme en tu fidelidad de Dios. No solamente en un sentimiento.

Por último: claridad en la meta — Jesucristo 41:37

Y por último, ¿qué necesitamos? Necesitamos claridad en la meta, y un compromiso a prueba de fuego, aunque te cueste la vida. ¿Y quién es el mejor ejemplo? Nada más y nada menos que nuestro Señor Jesucristo, a quien venimos a adorar, a quien amamos con todo nuestro corazón.

Miren, me encanta, porque cuando tú vas a la Biblia, en Isaías 61 —capítulo 61, versículos 1 y 2—, cientos de años antes de que viniera Jesús, Dios dijo que iba a mandar un hombre con un propósito, con una misión: un Mesías; el Hijo de Dios iba a venir. Y cuando Jesús llegó, ¿sabes qué hizo? Repitió exactamente lo que su Papá le dijo a lo que venía. Él repitió y dijo a lo que venía. Lucas capítulo 4, versículos 18 y 19, Jesús mismo, hablando de sí mismo, dice:

««El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor».» Lucas 4:18-19 (NTV)

Él sabía lo que estaba sobre él, y cuál era su misión, y a qué venía él a este mundo. Y te digo algo: tú estabas en el plan de Cristo. Pero él tenía que dar su vida en la cruz del Calvario. Él tenía que ir hasta las últimas circunstancias, porque él estaba determinado a obedecer a su Padre, estaba determinado a amar a la humanidad y morir por ella, para que tú puedas tener vida eterna.

Solamente aquellos que han determinado ser fieles a Jesús y vivir para él pueden llegar a la meta, como lo hizo nuestro Señor Jesucristo. Obviamente, cada una de las características de las que hemos hablado el día de hoy estaban en Jesús: la fe, la valentía, la resiliencia, la obediencia. Pero también una misión clara, y una obediencia a cumplir, cual fuera el precio.

Si todos ellos fueron determinados 44:19

Si todos ellos fueron determinados y tuvieron un final feliz al cumplir su meta, ¿por qué la iglesia debería de ser diferente? Te digo algo: Dios amó mucho a Abraham, pero dice la Biblia que Dios no hace excepción de personas: él te ama igual a ti. Dios convivió mucho con Noé: la convivencia de Dios, la intimidad, está para ti también. Dios le dio la fortaleza y la valentía a Josué para mantenerse y conquistar: Dios te lo dio a ti también. Dios le dio esa resiliencia a José para caerse y levantarse, caerse y levantarse, y llegar al lugar que Dios tenía para él: Dios te dio esa resiliencia a ti también.

Cf. Hechos 10:34; el pastor no dio la referencia.

¿Por qué vivir en la mediocridad cristiana? 45:17

¿Por qué vivir en la mediocridad cristiana? ¿Por qué vivir en la mediocridad de esa relación con Dios, que a veces tenemos ganas y a veces no tenemos ganas? Porque a veces querer venir, y a veces no querer venir; a veces querer servir, y a veces no querer servir, porque la temporada no es la que tú deseas o la que necesitas.

El cristiano determinado, aquel que conoce verdaderamente a Dios, es un discípulo en cualquier momento: sea un buen tiempo, no sea un buen tiempo; vayan las cosas bien, no vayan las cosas bien; tengamos o no tengamos. Porque lo más importante, lo más grande y el tesoro más grande que tiene el cristiano es Cristo.

Quitémonos —y con esto termino— de ese peldaño de honor donde tú eres lo más importante. Bájate de ahí humildemente, y dale el lugar de honor en tu vida a Jesucristo, y tu cristianismo, tu relación con el Señor, va a ir a un nivel que nunca has conocido. Si ellos lo pudieron hacer, ¿por qué tú no?

Llamado 46:43

Cierra tus ojos en esta hora. Primero quisiera dirigirme a aquellos que nunca habían escuchado a Jesús hablándoles —y no me refiero a mí, sino a la Palabra de Dios—. Si tú nunca habías recibido el mensaje que te puede dar la vida eterna, el mensaje de la salvación, el mensaje de las buenas nuevas, el día de hoy yo te quiero invitar a ti que vienes por primera vez. A ti: si tú nunca has recibido a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, yo te invito que en esta hora —no en una emoción, como hemos enseñado, sino en una verdadera decisión— determines tener una relación con Jesús y entregarle tu vida. Si ese es tu deseo, yo te quiero guiar en una oración, para que le digas al Señor. Ahí repite conmigo, ahí donde estás; es entre tú y Dios. Dile:

Señor Jesús, en esta hora yo reconozco que te necesito en mi vida. Te quiero pedir perdón por mis pecados, por mis fallas, por mis errores. El día de hoy yo me arrepiento de mis pecados y te recibo como Señor y Salvador de mi vida. Determino ser tu hijo y tu discípulo, y vivir para ti todos los días de mi vida. Gracias, Señor, te doy…

Oración por la iglesia 48:16

Ahora quiero dirigirme a la iglesia, a todos ustedes, ahí con sus ojos cerrados. Si el día de hoy Dios te ha hablado —y puede ser que hasta el día de hoy tú has estado oscilando: a veces arriba, a veces abajo; a veces animado, a veces desanimado—, si no estás dando todo lo que eres, como lo hizo Josué, con valentía para el Señor, y el día de hoy Dios te ha hablado, dile: «Señor, aquí está mi vida, aquí está mi familia. Perdóname, Padre, me he mantenido tibio».

Puede ser que el día de hoy llegaste tibio a este lugar. Dice la Biblia que ojalá fuéramos fríos o calientes, pero no tibios, porque el tibio no puede sentir su condición: no puede sentir que está ni frío ni caliente, y a veces no hace nada a cambio.

Paráfrasis de Apocalipsis 3:15-16.

Si el día de hoy tú quieres llevar tu relación con Dios a más, a que sea una determinación y un compromiso, porque eres su hijo, y quieres caminar creciendo en todo lo que estos hombres mostraban en su temperamento y en su carácter, y quieres la ayuda del Espíritu Santo, que está aquí para ayudarte, para consolarte, para guiarte, yo quiero orar por ti. Ponte de pie. «Señor, yo quiero ir a más. Perdóname, he sido tibio. Padre, no había entendido, Padre, que lo que tengo contigo es un compromiso».

Y te quiero decir algo que es muy importante: por eso muchas veces lo que somos en la vida espiritual lo somos afuera también, y no podemos tener éxitos ni en nuestra carrera, ni en nuestro negocio, ni nuestras familias, por nuestra inconstancia. Porque dice la Biblia que el que es infiel en lo poco será infiel en lo mucho, y el que es fiel en lo poco será fiel en lo mucho. Y muchas veces el Señor no nos puede entregar más, no nos puede llevar a más, porque lo vamos a desparramar, lo vamos a echar a perder. Pero el día de hoy el Señor viene y está restaurando vidas.

Paráfrasis de Lucas 16:10.

Clama al Señor. Dile: «Señor, ayúdame, Padre, aquí está mi vida».

Mi Dios, mira, aquí está tu pueblo, Señor, cada uno de nosotros. Padre, aquí estamos y reconocemos que te necesitamos, Señor. Perdónanos, porque hemos sido tibios, hemos sido fríos, Padre, porque no te hemos buscado con todo nuestro corazón. Haz crecer nuestra fe, Señor. Queremos ser obedientes a ti. Haz crecer nuestra resiliencia, Padre, nuestra intimidad contigo, mi Dios. Yo te pido, Espíritu Santo, en esta hora, que si alguien está pasando por una temporada difícil en su vida, él pueda ver tu mano poderosa, y pueda ver que este tiempo es necesario para que su carácter sea más como el carácter de Jesús. Padre, ayúdanos a poner nuestra vista en lo eterno, y dejarnos de enamorar por lo local[?], por lo temporal, Señor. Te entregamos nuestras familias, te entregamos nuestras vidas, te entregamos todo lo que somos, Padre. Perdónanos si te hemos fallado, si hemos hecho lo malo delante de ti. Pero a partir del día de hoy yo me levanto con un compromiso y la determinación de ser un discípulo de Jesucristo. Bendice a tu pueblo, Padre. En el nombre de Jesús. Amén.

Vamos a cantar.